Convivir con la diabetes

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Diabetes

Las conductas transgresoras, los olvidos, los accidentes hipoglucémicos, el ocultamiento de la enfermedad constituyen indicios reveladores de la intolerancia en aceptar los cambios y las limitaciones que la enfermedad impone. En esta enfermedad la imagen del propio cuerpo se ve afectada y conmovida y con ella tambien se siente vulnerada la autoestima, en la medida en que el cuerpo aparece con una falla irreversible, falla que suele ser vivida como afrenta al narcisismo. Decíamos en la nota anterior que alrededor de esta "herida narcisista" quedan afectos y vivencias disociadas, no expresadas, mudos dialogos internos que se erigen en verdaderos obstáculos en la incorporación de la información. Y que esta era una de las razones que impedía a un importante número de pacientes, apropiarse del saber sobre "su" diabetes y modificar sus hábitos de conducta.

¿Por qué se torna tan difícil para muchos pacientes "convivir" con la diabetes?

Por un lado está la dificultad en aceptar la injuria narcisista, el cuerpo "fallado": "Yo antes de enfermarme era la primera en todo, la mejor en el deporte, en el colegio...., a partir del primer día que me puse la inyección me sentí inferior a las demás"- dice una joven de 16 años. Por otro lado, el trabajo cotidiano, que día a día no cesa en recordarles la existencia de esa falla: - "paso días sin medirme, me da bronca tener que pincharme, bastante tengo ya con la insulina..."- dice un joven de 23 años.

Renuncia y aprendizaje, duelo por la función perdida y adaptación inmediata a un cambio en los hábitos cotidianos. Cambio definitivo, que requiere esfuerzo, atención y renuncia.

En muchos casos la enfermedad es sentida como algo extraño a si mismo, no se la reconoce como propia, se actúa como si no existiera: "Yo no me cuido, no tengo la sensación de que yo intervengo, como que no soy yo el que tiene diabetes, me controlo porque el médico me dice, pero me olvido y como cualquier cosa" R. 42 años, Dbt II.

Otro de los obstáculos en aceptar la enfermedad como propia es el fantasma de las complicaciones, la discapacidad por invalidez o la ceguera, a las que se vive como irremediables. Este es uno de los mitos asociados a la diabetes y profundamente arraigado en el imaginario social. En muchos pacientes este fantasma subyace de manera inconsciente. Entonces negar la enfermedad es un modo de evitar enfrentar el miedo a un sufrimiento que se imagina ineludible.

Cada una de estas frases pone de manifiesto que es la relación con la enfermedad la que debe ser modificada. Es allí donde anidan los obstáculos, los impedimentos, las trabas. Cada frase, cada olvido, cada gesto, es como la punta de un hilo que puede conducir al encuentro de una verdad que el paciente, sin saberlo, oculta, y cuyo develamiento lo hará más libre, porque le permitirá avanzar en la aceptación de su circunstancia y hacerse cargo de su propio cuidado.

La idea de implementar los Grupos de Reflexión surgió primero como un intento de acercamiento a la comprensión de las dificultades cotidianas y de gravedad diversa que los pacientes presentaban en el manejo de su enfermedad. Esas dificultades configuraban verdaderos síntomas, que ponían al descubierto "verdades" calladas y ocultas. Los síntomas estaban en lugar de algo que evitaba ser vivenciado.

La propuesta grupal está sustentada en la idea de generar un ámbito de intercambio, un espacio que abra la posibilidad de conectarse con las propias vivencias, con los temores, pensamientos, fantasías y creencias, muchas de ellas inconcientes, que subyacen a las conductas que impiden el cambio y el crecimiento.

La experiencia se desarrolla en un tiempo limitado 10 a 12 sesiones de una hora y media de duración cada una. La frecuencia es semanal y el número de pacientes es estable, de 8 a l2. Los objetivos son:

a) Avanzar en el conocimiento de los factores psicológicos que obstaculizan las conductas de autocuidado.
b) Lograr una mayor aceptación y protagonismo en el cuidado de la enfermedad.
c) Descubrir nuevos recursos que favorezcan el cambio de hábitos.

La coordinación está a cargo de un psicólogo, que propone la tarea y pauta la modalidad de trabajo grupal, tratando de estimular y facilitar la comunicación y los intercambios. Las técnicas que se utilizan son verbales( señalamientos, esclarecimientos, interpretación) y dramáticas (juego de roles, soliloquios, ejercicios de elaboración de situaciones temidas).

Aproximadamente en la octava reunión un médico diabetólogo concurre al grupo para responder a las temáticas puntuales surgidas en las sesiones, de este modo se aclaran dudas, se amplía el conocimiento, se rectifican errores.

En la última sesión se hace una evaluación grupal y un cuestionario escrito de evaluación individual. A los tres meses de finalizada la experiencia, se realiza una reunión de seguimiento y evaluación. El 70 % de los pacientes reconoce cambios de posicionamiento frente a su enfermedad, a través de un aumento de la autoestima y de su responsabilidad frente al tratamiento. La misma se expresa en: incremento de la actividad física, mayor conciencia en el manejo de la dieta, aumento de los automonitoreos y disminución o ausencia de episodios hipo e hiperglucémicos.

¿Porqué pensamos que agrupar a los pacientes con una problemática común facilita el cambio?

1) En el grupo se comparte, esto permite salir de laa sensación de soledad "no soy el único". Entre los miembros se generan identificaciones por semejanza que permiten el desarrollo del mecanismo de autoayuda, cada uno de los integrantes es activo y pasivo al mismo tiempo, es decir recibe y también da.
2) La interacción propia de los intercambios, el sentimiento de unión por compartir una misma circunstancia vital, fortalece la cohesión grupal. Se producen enlaces afectivos entre los miembros y alianzas fraternales que favorecen la constitución de una suerte de Yo grupal, que otorga mayor fuerza y convicción a la posibilidad de cambio.
3) Escuchar y ser escuchado abre la posibilidad de poner en palabras sentimientos y vivencias muchas veces ocultas, otras veces negadas. En el otro se ven reflejadas las propias trampas y esto debilita el sentimiento de negación , tan habitual en el paciente con diabetes. La mirada del otro también posibilita rectificar la propia imagen que se tiene de sí mismo.
4) El grupo se constituye en un mediador apropiado para la dramatizacion de situaciones conflictivas, esto favorece la emergencia de fantasías, temores y creencias, de las cuales el paciente, muchas veces no tiene conciencia.
5) La emergencia de las mismas no sólo favorece el autoconocimiento, también permite su rectificación.
6) La participación grupal permite que los integrantes experimenten los beneficios de salir de la pasividad e involucrarse en el devenir productivo del intercambio.

Conclusiones:

Pensamos que la posibilidad de profundizar en la relación íntima que cada uno tiene con su enfermedad tiende a facilitar el pasaje:

De la negación ---------- a la aceptación
De la ajenidad ---------- a la apropiación
De la dependencia ---------- a la participación
De la pasividad ---------- al protagonismo

Lic. Catalina Saragossi
Prof. Adjunta de la 1ra Cátedra de Ps. Evolutiva- Niñez. Fac. de Psicología de la UBA. A cargo de tareas de investigación y Extensión Universitaria.
Psicóloga concurrente de la División Diabetología del Hospital de Clínicas, José de S. Martín. Bs. As.

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