En el siglo II después de Cristo, un médico -Areteo de Capadocia (130-200)- contemporáneo de César y famoso por sus métodos terapéuticos, escribió dos obras divididas en 10 libros. En ellas describió las causas y síntomas de las enfermedades agudas y crónicas y sus curaciones. En sus textos aparece el término griego -diabetes-, que significa -fluir a través de un sifón-, debido al exceso de orina ocasionado por la enfermedad: ...La diabetes es una afección extraña que funde la carne y las extremidades en la orina. Los pacientes nunca cesan de orinar. Todos sufren náuseas, inquietud y una sed quemante...Y en un plazo no muy largo expiran...
Varios cientos de años más tarde, en el siglo XVII, cuando se hacía el diagnóstico probando la orina, se agregó el término "mellitus", que significa "dulce". La diabetes mellitus es una alteración en el metabolismo de los hidratos de carbono debida a una falla o defecto en la acción de una hormona segregada por el páncreas: la insulina. Esta es necesaria para que la mayoría de las células del organismo puedan utilizar el azúcar (glucosa) como combustible y transformarla en energía. Los hidratos de carbono son sustancias básicas de la alimentación que se encuentran principalmente en vegetales, cereales, frutas y azúcares. Cuando llegan al intestino, después del proceso digestivo, se transforman en un azúcar más sencillo, la glucosa, que es la que pasa al torrente circulatorio. Para que esta glucosa se transforme en energía debe pasar de la sangre a las células y quemarse. Este proceso se cumple por la acción de una hormona: la insulina. Si ésta falta (la insulina) la glucosa se acumula en la sangre hasta determinado nivel, y luego comienza a eliminarse por la orina produciendo "glucosuria". Esta glucosuria determina que se acumule más líquido en la orina, aumentando la eliminación de agua (poliuria) provocando a la vez una deshidratación, lo que ocasiona una sed intensa (polidipsia). Paralelamente, a pesar de tener más apetito (polifagia), el individuo adelgaza y se siente cansado y con fatiga (astenia). Vida en un frasco Durante miles de años la gente se preguntó cuál era la causa de la diabetes. Pero tuvieron que pasar muchas cosas hasta que, a principios deste siglo, empezó a despejarse la incógnita. Por ejemplo, recién en 1776 los análisis químicos demostraron que había glucosa en la sangre de diabéticos y no-diabéticos. En ese momento algunos médicos sugirieron que en el caso de los diabéticos el azúcar pasaba de la sangre a la orina. ¿Cómo? En 1889 los fisiólogos alemanes Oskar Minkowski y Joseph von Mering descubrieron, por casualidad, que el páncreas era el órgano clave en este pasaje. Estaban estudiando la digestión de las grasas cuando decidieron extirpar el páncreas a uno de los perros de laboratorio que usaban en los experimentos. Sorpresivamente, el perro empezó a orinar sin cesar. Y tuvieron la ocurrencia de analizar dicha orina para ver si contenía glucosa. Descubrieron que el perro se había transformado en diabético a partir de perder su páncreas. Pero, ¿qué sustancias del páncreas tenían que ver con la diabetes?...Fue en octubre de 1920, cuando el joven cirujano canadiense Frederick Banting concibió por primera vez la idea que lo llevó al descubrimiento de la insulina, luego de aislar los llamados "islotes de Langerhans" del páncreas. Después de dictar una charla a estudiantes de Medicina en la Universidad de Western, en Londres, imaginó que quizás sería posible separar las secreciones internas del páncreas de las externas, para mantener vivos a los perros con diabetes. Y si bien la teoría resultó ser incorrecta, fue suficiente para iniciar la investigación. De regreso a la Universidad de Toronto, Banting convenció a John James R. Macleod, profesor de Fisiología y experto en metabolismo de carbohidratos, para que le permitiera trabajar en la idea. Los análisis comenzaron el 19 de mayo de 1921 con Macleod como supervisor y Charles Best como asistente. Tras numerosos fracasos, el 3 de agosto de 1921 se obtuvieron los primeros resultados cuando se logró preparar un extracto a partir del páncreas atrofiado de un perro. El compuesto fue administrado a otro perro con diabetes y se dejó a un tercero sin tratamiento. Cuatro días después este animal murió, mientras que el que recibió el extracto vivió tres meses y sólo murió cuando no había más compuesto disponible. Cinco meses después, en enero de 1922, se presentó la oportunidad de probar la fórmula por primera vez en un paciente humano: un niño diabético de 14 años, llamado Leonard Thompson, recibió la insulina preparada por Banting y Best. Sin embargo, la prueba inicial falló pues el nivel de glucosa en la sangre del joven bajó levemente. En junio de ese mismo año se alcanzó el objetivo. Una segunda serie de inyecciones "purificadas" y preparadas en esa ocasión por el profesor bioquímico de Edmonton, James B. Collip, lograron que la glucosa en sangre del niño descendiera a un nivel normal y comenzara a subir de peso. Por primera vez se lograba reemplazar plenamente la función impedida en la diabetes. Un año más tarde, los investigadores Banting y Macleod recibían el Premio Nobel en Medicina y Fisiología, con gran disgusto de Banting que siempre consideró que era su ayudante Charles Best el comerecedor del premio y no Macleod. Finalmente la historia ha puesto las cosas en su lugar y hoy día, cuando se habla del descubrimiento de la insulina, se habla de Banting y Best. A fines de 1923, la insulina -a la que se llamó "vida en un frasco"- era producida comercialmente y usada en forma segura en el tratamiento de la diabetes en la mayoría de los países occidentales. PARA RECORDAR... · La diabetes mellitus tipo 2 (No insulino-dependiente) es la más frecuente, con una relación 1:10 con respecto al tipo 1 (insulino-dependiente), y generalmente está asociada a la obesidad en un 80 a 90 por ciento de los casos. En general, los trastornos metabólicos mejoran cuando el paciente disminuye su peso. · El diabético, en general, corre el riesgo de desarrollar a largo plazo -si no se trata adecuadamente- alteraciones progresivas de la retina, el riñón, los nervios periféricos y agravar lesiones del corazón, las piernas y el cerebro. Sólo la detección precoz y el tratamiento intensivo pueden prevenir, detener y hasta revertir el desarrollo de estas complicaciones. · Tanto por tratarse de una enfermedad crónica como por la variedad de sus posibles complicaciones, la diabetes requiere una planificación cuidadosa de estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento que permitan limitar esas complicaciones y su elevado costo socioeconómico. De allí la importancia de fomentar cambios positivos en el estilo de vida y las características socioambientales que, junto con los factores genéticos, son causas desencadenantes de la enfermedad. |